Parece que todo el mundo está deseando que llegue el año nuevo y lo que tiene para ofrecernos. Si bien este año ha sido algo mejor que el de 2020, algunas cosas deberían quedarse en el pasado. Por mi parte, también creo que hay otras cosas que debemos dejar atrás: ¡los mitos sobre el aprendizaje! Ya sabes:

  • Usamos únicamente el 10 % de nuestro cerebro.
  • Recordamos el 10 % de lo que leemos, el 20 % de lo que oímos y el 30 % de lo que vemos. 
  • Podemos aprender mientras dormimos si la habitación está completamente oscura. 

Bien, eso último fue un invento mío, pero no, no puedes aprender mientras duermes, esté oscuro o no. No puedo dejar de admitir que estoy un poco decepcionado :/.

Los mitos encuentran la manera de infiltrarse en nuestro conocimiento colectivo porque apelan a la intuición, se hacen muy populares y se sobredimensionan al repetirse una y otra vez. Al final, se transmiten de generación en generación. 

El defecto más evidente de los mitos es que carecen de un enfoque basado en la evidencia. Es decir que se originaron en algún lugar, generalmente en libros o estudios donde no se aplicaban métodos de investigación rigurosos o, simplemente, hasta allí llegaba la ciencia en ese momento.

Cuando tenemos más información, nos puede ir mejor.

Siete mitos sobre el aprendizaje que hay que dejar atrás

Revelar la verdad sobre algunos mitos populares sobre la educación nos orienta hacia prácticas mucho mejores y basadas en la evidencia. 

Sin más preámbulos, exploremos algunos mitos populares sobre la educación de los que sería mejor olvidarse el año que viene: 

  1. Los profesores deben enseñar según los estilos de aprendizaje

    Los intentos de validar la teoría de los «estilos de aprendizaje» han fracasado o han tenido resultados dudosos. La intención del mito es buena: ver qué prefieren los estudiantes para poder enseñarles mejor. Sin embargo, clasificar a los aprendices en grupos reducidos es un error, ya que no hay ninguna prueba científica de que adaptar la enseñanza a los «estilos de aprendizaje» realmente haga algo para mejorarla.

    En primer lugar, ¿cómo se sabe quién pertenece a cada categoría? La mayoría quedan encasillados según la autopercepción, que es un método muy poco fiable para determinar los estilos de aprendizaje. De todos modos, aun cuando los estudiantes se inclinan por un estilo en particular, esto no significa que esa sea la forma más productiva en la que aprenderán. Hablando de improductivo, es casi imposible desarrollar métodos eficaces de enseñanza para cubrir todos los estilos de aprendizaje, en su multitud de clasificaciones.

  2. La pirámide de Maslow nos indica cómo debemos motivar a los estudiantes

    «Maslow antes que Bloom» es una idea noble, por lo que es fácil ver por qué la Jerarquía de necesidades de Maslow sigue siendo ampliamente aceptada dentro de la comunidad educativa como algo intrínsecamente válido. Simplemente hay que atender sus necesidades primero y luego enseñarles, ¿verdad?

    El fallo de todo este planteamiento es que los intentos científicos subsiguientes de validar la teoría han fracasado a pesar de su popularidad. No solo eso, sino que el propio Maslow nunca imaginó su teoría como una pirámide. También lo abordamos como un juego de «todos o ninguno» en el que una «necesidad más básica» debe estar completamente satisfecha antes de pasar a una de orden superior, lo que significaría que todos deberían estar completamente satisfechos antes de poner un pie en el salón de clases. Esto también pone una presión tremenda sobre ti como educador para averiguar lo que los estudiantes necesitan cuando, en realidad, es más probable que la construcción de una buena relación estudiante-profesor los motive a aprender. 

  3. La capacidad de atención de los estudiantes está reduciéndose 

    El mito de que la capacidad de atención de las personas de hoy es como la de un pez dorado se ha extendido como reguero de pólvora gracias a la exageración mediática. La afirmación se basó desde el principio en una fuente dudosa, pero atrajo a muchas personas que creyeron que debía estar relacionada con el uso de los teléfonos inteligentes. Lo cierto es que las investigaciones sobre la relación entre los teléfonos inteligentes y la disminución de la capacidad de atención están plagadas de pruebas no concluyentes y contradictorias

    Hasta ahora, no tenemos suficientes estudios longitudinales como para señalar una causa, y la mayoría de estos estudios basan sus conclusiones en datos correlacionales. La capacidad de atención varía de una tarea a otra, incluso en un mismo individuo, por lo que ni siquiera se puede sostener la estimación de una capacidad de atención media de entre 10 y 20 segundos. 

    Sin embargo, los teléfonos pueden distraer y provocar una disminución de la concentración y un cambio rápido entre tareas (hacer varias tareas a la vez). Una forma más segura de contrarrestar estos efectos negativos es iniciar una conversación sobre el bienestar digital y limitar el tiempo de pantalla siempre que sea necesario.

  4. Los estudiantes aprenden mejor bajo presión 

    «Under pressure» (Bajo presión) es una gran canción, pero no es mi sensación favorita. Ahora bien, algunas personas dirían que, aunque no me guste, podría ayudarme a concentrarme mejor, con toda esa adrenalina recorriendo mi cuerpo. 

    Y no estarían del todo equivocadas, ya que algunos estudios muestran que el estrés puede ayudar a la consolidación de la memoria. Si los estudiantes se estresan después o cerca del evento de aprendizaje, esto puede ayudarles a retener mejor la información.

    Sin embargo, si se sienten estresados durante el aprendizaje, el desempeño en el recuerdo y el reconocimiento disminuye en más de un 30 %. El resultado es independiente del material aprendido, y el efecto de los altos niveles de estrés parece ser independiente de la hora del día

    Es más probable que el estrés no sea algo blanco o negro, ni bueno ni malo. Un pequeño nivel de presión está bien y es esperable, pero el estrés crónico tiene profundos efectos adversos sobre el aprendizaje y la salud en general. 

  5. Los estudiantes de hoy pueden hacer varias cosas a la vez sin problemas 

    Dado que se los conoce como «nativos digitales», los estudiantes están acostumbrados a pasar de un dispositivo a otro, por lo que están acostumbrados a hacer varias tareas a la vez de manera eficiente, o eso dicen. Al fin y al cabo, los estudiantes también pueden montar en bicicleta, lo que también requiere hacer más de dos cosas a la vez. 

    No tan rápido. Aprender a montar en bicicleta lleva algún tiempo, y el proceso se vuelve automático después de un tiempo. Para las tareas complejas, como el aprendizaje, la participación en clase, etc., esto no ocurre; los estudiantes tienen que seguir esforzándose cada vez. Lo que ocurre es que los estudiantes pasan rápidamente de una tarea a la otra, lo que da lugar a un bajo rendimiento en el aprendizaje. 

    La verdad es que a todos nos cuesta hacer varias tareas a la vez, ya que perdemos más tiempo haciendo el cambio que en las tareas en sí. Así que la próxima vez que los estudiantes insistan en que pueden enviar mensajes de texto y aprender a la vez, prueba este experimento con ellos.

  6. Los niños son mejores en Matemáticas que las niñas 

    Si me dieran un centavo por cada vez que escucho esto, podría pagar un enorme cartel publicitario que dijera: «TANTO los niños COMO las niñas pueden ser buenos en Matemáticas». 

    En este estudio reciente, los investigadores han descubierto que «los niños y las niñas utilizan el mismo sistema neuronal durante el desarrollo de las Matemáticas». Esto es coherente con otros hallazgos que indican que los niños y las niñas tienen el mismo buen rendimiento en matemáticas. Sin embargo, «los estereotipos de que las niñas y las mujeres carecen de competencias matemáticas persisten, y muchos padres y profesores todavía los sostienen». 

    El mito tiene su origen en la idea errónea de que existe una ventaja biológica que hace a los niños más «analíticos». Sin embargo, es difícil distinguir entre las influencias biológicas, individuales y sociales cuando se trata del rendimiento en diferentes materias. En otras palabras, las niñas interiorizan el mensaje de que no van a tener un buen rendimiento en Matemáticas y dejan de intentarlo desde el principio.

  7. Algunos estudiantes utilizan más la parte derecha de sus cerebros y otros, la izquierda

    Si haces una búsqueda rápida en Google sobre pruebas de uso de la parte derecha/izquierda del cerebro, encontrarás alrededor de 720 millones de resultados. Esta idea ha estado presente desde hace algún tiempo, y ha dividido a los estudiantes, una vez más, en dos categorías: creativos y analíticos. Los primeros deberían decidirse por la lengua y la literatura, mientras que los segundos solo deben ocuparse de la ciencia.

    Sin ahondar demasiado en la neurociencia, los hemisferios izquierdo y derecho están conectados y se comunican entre sí todo el tiempo. Es posible que un lado sea más grande que el otro, pero eso no significa que prefiramos usar ese lado más que el otro. En este estudio en el que participaron más de 1000 sujetos, se utilizaron imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf) para acabar con este mito de una vez por todas, y se concluyó que: «nuestros datos no demuestran la existencia un fenotipo particular en el que pueda clasificarse el cerebro de acuerdo con una supuesta mayor fuerza de la red neuronal «izquierda» o «derecha» en cada individuo».

    En otras palabras, no se puede usar uno sin el otro. La conectividad cerebral es más importante que qué lado hace cada cosa, y existe un peligro real en creer que tu cerebro solo sirve para la «creatividad» o la «lógica».

¿Hechos o ficción?

Esta no es una lista exhaustiva, por lo que te recomiendo encarecidamente consultar Mitos urbanos sobre el aprendizaje y la educación para obtener una perspectiva más completa sobre este tema. 

Es probable que los mitos populares relacionados con la educación sigan existiendo de una forma u otra. Su atractivo consiste en ofrecer explicaciones aparentemente sencillas que parecen válidas. Sin embargo, ahora que estamos mejor informados, podemos dejarlos donde pertenecen: en el pasado.

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